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EL SOL NEGRO NAZI

La curiosa y desconocida historia del Círculo Landig

Bases secretas en los polos terrestres, aeronaves discoidales alimentadas por energías espirituales, ejércitos de míticos continentes como Thule y la Atlántida, alquimia, griales, conspiraciones judeomasónicas, cultos mitraícos, alianzas nazi-tibetanas, catarismo…estos son algunos de los ingredientes que conforman la mitología del Sol Negro, una corriente esotérica actualmente vigente que confía en el retorno de un Nuevo Reich.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, y en medio del creciente asombro y horror que provocaba entre la población el paulatino conocimiento de las atrocidades cometidas por los nazis, los vencedores se repartían el botín ajenos a toda moral y en nombre de causas mayores. Con la perspectiva que nos ofrece el tiempo es fácil comprender que los Juicios de Núremberg, en los que se juzgaron a un buen número de criminales, no impartieron toda la justicia que habría sido deseable. Por no hablar de los propios crímenes perpetrados por los vencedores La doble moral de los aliados, especialmente de estadounidenses y soviéticos, permitió poner a salvo a grandes criminales a cambio de secretos científicos y tecnológicos, información que con el paso del tiempo resultó determinante para el avance de las superpotencias y la distribución del poder en el mundo de postguerra. Centenares de científicos y oficiales nazis iniciaron, con renovadas identidades o bien con expedientes inmaculadamente maquillados, nuevas vidas junto a sus familias sin responder de sus responsabilidades en los horrores del Tercer Reich. Esa realidad, sumada a la nostalgia de los nacionalsocialistas y al rico imaginario esotérico que impregnaba el nazismo, fueron determinantes para la gestación y perpetuación hasta nuestros días dentro del neo-nazismo de la idea de un Cuarto Reich. Un nuevo régimen que renacería de las cenizas del construido por Adolf Hitler y que daría continuidad, desde la supremacía aria y con el apoyo de un fabuloso poder tecnológico-espiritual, a algunos de los principales pilares del nazismo. Tal y como acertadamente explica el historiador británico Nicholas Goodrick-Clarke en su meticuloso estudio “Black Sun. Aryan cults, esoteric nazism and the politics of identity”, en la Viena de posguerra  “las esperanzas apocalípticas para la resurrección y salvación nacional se concentraron en especulaciones salvajes sobre la supuesta existencia de armas milagrosas alemanas, incluyendo platillos voladores y bases polares secretas al final de la guerra” Estas ideas, junto al resurgimiento de la mitología aria-nórdica que tanto éxito tuvo entre los ariosofistas, cuya insostenible reconstrucción del pasado de la Humanidad fue elevada al rango de ciencia incuestionable por las SS y la Ahnenerbe de Heinrich Himmler, fueron en opinión de Goodrick-Clarke “las semillas de la mitología neo-nazi del Sol Negro que ha estado circulando en el movimiento underground alemán de extrema derecha desde los años noventa”

Sorprende comprobar cómo mientras con mayor o menor acierto y enjundia se juzgaban crímenes de guerra, se cumplían condenas y se dictaban leyes para honrar la memoria de las víctimas o actuar como bálsamo en sus heridas, paradójicamente algunas de las ideas raciales sobre las que se construyó el horror nazi se perpetuaban en el tiempo sin necesidad de camuflarse en exceso. Es posible que esa transigencia respondiera a la ignorancia o a un mero desinterés por parte de quienes debían sanear el mundo, tal vez porque interpretaron tales propuestas como extravagantes, irracionales y nostálgicos anhelos. Sea como fuere ese fue el escenario en el que se fue consolidando la figura del novelista ariosófico Wilhelm Landig, principal codificador y difusor del esoterismo y el misticismo nazi tras la Segunda Guerra Mundial, además de epicentro de un grupo de activistas neonazis conocido como el Círculo Landig creado en 1950. Landig eludió durante años las leyes que prohibían o restringían ciertos tratamiento de la información sobre los nazis presentando ideas revisionistas y racistas bajo el formato de novela. Curiosamente, y lejos de lo que se puedan pensar, tales ideas y creencias no son cosa del pasado, sino parte de una ideología que cuenta con numerosos seguidores en la actualidad, nuevas generaciones afines al nazismo que lejos de renunciar a la esvástica la han incorporado a la mística y simbología del sol negro.

Landig: de los freikorps a la Isla Azul.

Nadie puede cuestionar la rotunda filiación nazi de Landig, vienés nacido en diciembre de 1909 quien desde temprana edad se incorporó a las unidades juveniles de varios grupos freikorps, concretamente a los ejércitos milicianos de Deutsche Wehr y Roβbach. Es así que formó parte activa de aquellas tropas conformadas por militares veteranos y por ciudadanos que se sentían unidos por el desencanto de una Alemania perdedora en la Gran Guerra, y que además debía padecer el amordazamiento y la vulnerabilidad impuesta por el Tratado de Versalles. A esa rebeldía y activismo político se añadía su insaciable interés por el ocultismo, la mitología de míticos continentes como Thule y la Atlántida y todas aquellas revelaciones propias del misticismo ariosofista que enaltecían a la cultura germana a partir de una ficticia reconstrucción de su pasado. Aquellos años fueron los mismos en los que florecieron las sociedades y círculos ocultistas, principalmente neotemplarios, de corte racista y nacionalista en Austria y Alemania. En cualquier caso por entonces resultaba imposible imaginar que aquel joven escribiría décadas más tarde una trilogía de novelas que revitalizarían y perpetuarían en el tiempo todo este esoterismo nacionalsocialista. Por todo ello no debe extrañarnos en absoluto que quisiera formar parte activa del emergente y galopante poder que fue adquiriendo el Partido Nazi al poco de constituirse. A fin de cuentas parecía evidente que aquellos que habían convertido a la esvástica en su símbolo eran la esperanza más sólida de una nueva Alemania, a la que devolvería su esencia y poder. Landig llegó a formar parte en 1937 del Instituto de Ciencias del Trabajo con sede en Berlín y en 1941 con Austria anexionada, trabajó en un ministerio en Viena. Al parecer y como oficial entró en combate con la Waffen SS entre 1942 y 1944 condecorándosele por su arrojo, siendo destinado un año antes de concluir la guerra a unidades de investigación tecnológica. En estas unidades Alemania estudiaba casi a la desesperada cualquier propuesta armamentística que pudiera suponer una ventaja, como sería el caso de aeronaves discoidales, energía atómica o armas mágicas, constituyendo una etapa que sin duda y a título personal le servirían de inspiración para sus futuras creaciones literarias. Al finalizar la contienda los británicos le tuvieron dos años retenido hasta que comenzó a colaborar como informador para ellos, recabando datos sobre los movimientos de posguerra que los soviéticos realizaban con su parte del botín tecnológico y científico rapiñado a los nazis. Sorprende comprobar, tal y como documentó  Goodrick-Clarke que Landig, abiertamente anticomunista, tuviera un perfil político tan claro y cercano a las ideas nazis que teóricamente se querían erradicar, al punto de ser en la década de los cincuenta del siglo pasado el máximo representante en Austria del Movimiento Social Europeo, una organización neofascista que contó entre sus fundadores y principales activos con importantes nazis. Ellos aspiraban a convertir a Europa en una tercera fuerza frente a Estados Unidos y la Unión Soviética. A pesar del fracaso de esta iniciativa Landig mantuvo muy activo su anhelo y en 1970 le vemos como líder austriaco de la inquietante y oscura Liga Anti-Comunista Mundial, cuyos hilos fueron manejados por la CIA y que contó entre sus fundadores y patronos con el Reverendo Moon, fundador de la no menos controvertida Iglesia de la Unificación.

Al tiempo que Landig daba rienda suelta a su activismo político creaba en 1950 el Círculo Landig junto al teniente SS Rudolf J. Mund y el ingeniero suizo Claude Schweikhart conocido como Erich Halik, ambos ocultistas declarados y en conexión con algunas de las sociedades y figuras más prominentes del ariosofismo y toda la metafísica nazi. Mund no solo fue un miembro activo de la Orden de los Nuevos Templarios desde 1958, sino que llegó a convertirse en su máximo dirigente en 1979, mientras que Halik había investigado activamente en los grupos espiritistas de la primera mitad del siglo XX y sentía una fascinación especial por los OVNIs interpretándolos en clave mística. A través de Halik el Circulo Landig popularizó la idea de OVNIs-máquinas construidos por los nazis, y al mismo tiempo de OVNIs-biomaquinas conocidos como Manisolas, auténticos seres vivos capaces de reproducirse y que tendrían su origen en el Poder Blanco anunciando la llegada de una nueva era.

Juntos recuperan una inmensa cantidad de mitos, conceptos y conocimientos surgidos de la inventiva y de los delirios de los primeros espadas de la mística nazi, como es el caso de Guido von List, Jörg Lanz von Liebenfels y Karl Maria Wiligut, así como de la ciencia surgida a su sombra a través de personajes como Hanns Hörbiger, Edmund Kiss, Herman Wirth y Otto Rahn. Beben por tanto de autores que hablan del origen atlante y superior de los arios, del mensaje oculto de las sagas germanas y de las runas, de la incorporación a las SS del ideario templario y teutónico, de un origen alternativo del Universo, de catástrofes planetarias y vestigios arqueológicos imposibles, del grial y contactos con hermandades invisibles, de la preservación de la esencia thulenense entre los cátaros…  El Círculo Landig se nutre de todo ello y abrazando con entusiasmo la obra esotérica y mística de Julius Évola, editan libros de estos autores y de continuadores de sus obras a través de la Editorial Volkstum, creada por el propio Landig en 1958. Así se mantienen vivas y se difunden como algo real nociones como la interpretación de los OVNIs como naves secretas nazis con base en los Polos o la existencia de la Isla Azul, concepto tomado de Évola y que describe un centro secreto nazi ubicado en el Ártico. La Isla Azul, refugio secreto de altos iluminados, de la ciencia y el conocimiento alemán, estaba llamada a ser una comunidad en  la que la vuelta a la pureza de los orígenes de la raza aria, de la tradición primordial que hizo posible el más glorioso de sus pasados, fuese nuevamente una realidad. En ese contexto se daba por bueno el mito del Ultimo Batallón nazi, integrado por una élite de soldados que pilotaron los OVNIs hacia la Antártida a la espera del retorno triunfal del Reich al campo de batalla, mito en el que también tenía cabida la supervivencia de Hitler y su exilio a Argentina u otra región del Nuevo Mundo. En este contexto, la derrota en la Segunda Guerra Mundial era interpretado como un necesario y transitorio revés, de ahí la necesidad de mantener viva la espiritualidad y el legado nazi.

El Sol Negro y el Punto 103

Landig y su círculo son figuras esenciales para comprender como se sustituye a la esvástica por el símbolo del Sol Negro, que al parecer estaría grabado en toda la flota de superaeronaves con las que contaban en las bases secretas. El Sol Negro, según algunos intérpretes, representa a la gran batalla final que los dioses librarán con las fuerzas del mal representadas por los gigantes jotuns de la mitología nórdico-escandinava al final de los tiempos. Otros apuntan a este símbolo como una representación del movimiento anual del sol. Sin embargo los ariosofistas cercanos al Reich especularon sobre otros significados modificando parte de su aspecto y forzando al extremo su lectura para amoldarla a los intereses y excentricidades de Heinrich Himmler. De hecho, y con el asesoramiento del Rasputín nazi Karl Maria Wiligut, una adaptación de este símbolo fue colocado en un lugar prominente del llamado salón Gruppenführer en el Castillo de Wewelsburg, convertido en fortaleza iniciática para el círculo más hermético y esotérico de las SS. El Sol Negro actual se compone de dos círculos concéntricos, que están conectados por rayos que salen del círculo interior que hace las veces de disco solar. En su trayectoria, los rayos forman antes de toca el círculo exterior doce runas sieg, el emblema de la victoria que identificaba a la temida Orden Negra de la SS. Además, la combinación de trazos hace que se generen esvásticas y una clara sensación de movimiento. Wiligut y sus seguidores hablaron de la existencia de un segundo sol llamado Santur, que cientos de miles de años atrás había sido el sol de los antepasados hiperbóreos de los arios y que hoy, como estrella apagada, seguía ejerciendo un poderoso influjo espiritual sobre la raza. Al parecer ese sol negro no era exactamente negro, sino violeta o púrpura como la sangre, y según otros autores se ubicada en el centro de nuestra galaxia lo que conducía a considerarlo el astro más importante. Hoy el Sol Negro y gracias en buena parte a Landig y su círculo es el símbolo de los grupos neo-nazis de Alemania y Austria, y el emblema de Thule y el latente retorno de su poder bajo la forma de un Cuarto Reich. Landig llegó a ver en él el símbolo del reino secreto de Agartha que tanto fascinó también a los nazis, y tanto él como otros autores lo consideraron opuesto al símbolo polar que luce en la bandera de las Naciones Unidas, inspirado por masones y rosacruces, y por ende, por Israel y los judíos que gráficamente muestran su intención de conquistar el polo y anular el resurgir ario.

Como ya hemos venido apuntando la influencia de Landig en los grupos neonazis y su papel como recuperador y promotor en la segunda mitad del siglo XX de buena parte de la mística, la historia y la ciencia alternativa de los nazis, se sustenta en el éxito de las tres novelas que escribió sobre Thule. Ninguna de ellas ha sido traducida al castellano y en ellas encontramos plasmada una lucha entre el bien y el mal en el marco de una conspiración judía de alcance global. En “Ídolos contra Thule” (1971), “La Era del Lobo para Thule” (1980) y “Rebeldes para Thule” (1991) Landig maneja todos los símbolos y elementos del esoterismo nazi, incorporando a la trama a personajes reales y sus teorias. En sus novelas el Sol Negro es el símbolo del Punto 103, un complejo subterráneo ultrasecreto construido por los nazis en el Polo Norte, donde la más avanzada tecnología se entremezcla con el manejo de fuerzas espirituales en una contienda permanente. Curiosamente lo que solo era ficción y un anhelo, tomó carta de autenticidad para varias generaciones de simpatizantes, que creyeron y aún lo hace en la existencia y operatividad de esas bases ocultas de los nuevos nazis.

José Gregorio González

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