Nuestro titular puede resultar engañoso, en la media en la que habla en pasado en relación al interés soviético por el fenómeno OVNI. Ese interés perdura, y con seguridad, en el Nuevo Orden Mundial que está configurándose, los rusos deben estar haciendo su trabajo a la hora de desentrañar los enigmas del fenómeno, así como para pulir el aprovechamiento que del mismo se puede hacer a diferentes niveles. Tanto si remotamente es tecnología extraterrestre, como sí se trata de avanzados dispositivos de otras naciones, los OVNIs son una herramienta cuyo valor va más allá de la ventaja tecnológica que puede suponer su conocimiento. Lo que generan a nivel social es extraordinariamente valioso, ya sea por su constatada utilidad como cortina de humo a la hora de encubrir ensayos secretos, como por su potencial para crear un nivel de alarma y desconfianza capaz de desestabilizar socialmente a una nación. En el ecosistema ufológico se conocen bastante cosas sobre la casuística OVNI soviética y los abordajes gubernamentales, aunque mucho menos de lo que sabemos sobre la ufología estadounidense, británica o francesa. Sin embargo, es notorio que a nivel público, la imagen es mucho más opaca, dominando la tendencia a creer que guardan muchos secretos, o bien que los OVNIs son cosa de EE.UU. Por eso a mucha gente le sorprende conocer que Iósif Stalin encargó en los años posteriores a la II Guerra Mundial, un informe que evaluara el emergente enigma de los OVNIs, tras recibir estadísticas de avistamientos en territorio soviético y extranjero. Más sorprendente aún en relación con el gobernante ruso es descubrir que una de las hipótesis barajadas para explicar el Caso Roswell, el supuesto estrellamiento de un platillo volante tripulado en julio de 1947 en Nuevo México, le señala a él como responsable. Al parece, todo formaba parte de un plan de Stalin para desestabilizar a EE.UU. creando la ilusión de que una nave alienígena había aterrizado en su territorio, vulnerando para ello toda su seguridad. La hipótesis se la confió a la periodista Annie Jacobsen un antiguo ingeniero que trabajó en el Área 51.
THREAD 3, LA CIENCIA SOVIÉTICA EN BUSCA DE OVNIS
El interés soviético por los OVNIs se reactivó entre 1978 y 1988, a través de un programa secreto del Ministerio de Defensa llamado Thread 3, un proyecto que involucró a unidades militares, departamentos científicos y a la Academia de Ciencias. Los estudios se centraron en la recopilación, análisis e identificación de datos sobre fenómenos inexplicables, cuyo número había aumentado significativamente en los últimos años debido a pruebas de cohetes, actividades industriales y otros factores. Se identificaron casos en los que los equipos técnicos y los operadores militares se habían visto afectados, lo que llevó a la necesidad de desarrollar métodos de defensa contra potenciales influencias perjudiciales, así como a explorar las aplicaciones militares de estos fenómenos. El Thread 3 recopiló un número inmenso de incidentes, desde avistamientos lejanos a encuentros cercanos, aterrizajes, casos vividos por pilotos civiles y militares, astronautas, etc.
El informe soviético indagó en los principios físicos que podían estar detrás de las maniobras y velocidades mostradas por los OVNIs, en los sistemas de propulsión y antigravedad de los que parecían dotados y en los efectos electromagnéticos comunicados por los testigos. También se analizaron casos en los que el encuentro con ellos protagonizado por pilotos había terminado en tragedia, así como la casuística anómala detectada en la Luna. En relación a esto último, el informe describía los famosos fenómenos anómalos transitorios, luces que ocasionalmente aparecen y evolucionan sobre la superficie lunar, junto con otros más espectaculares, como el relativo a supuestos cambios estructurales en la geografía lunar, o la también supuesta detección en la Luna de estructuras aparentemente artificiales, como cúpulas, vías y hangares.
PETROZAVODSK, EL CASO INNEGABLE.
Uno de los episodios mejor investigados, y que posiblemente motivó adicionalmente la creación de la comisión, fue el caso Petrozavodsk, ocurrido el 20 de septiembre de 1977. El fenómeno fue observado en una gigantesca región que abarcó desde Helsinki hasta la ciudad de la que toma su nombre, Petrozavodsk, al noroeste de Rusia, así como desde Pskov a Murmansk. Durante esa noche se observaron más de una veintena de objetos extraños en el cielo, realizando maniobras y transformación en su aspecto absolutamente desconcertantes.
De manera más concreta, en Petrozavodsk, un objeto luminoso se desplazó lentamente emitiendo rayos de luz que se asemejaban a los tentáculos de una medusa. Permaneció suspendido sobre la ciudad durante cierto tiempo, proyectando una lluvia de luz. El caso contó con miles de testigos y cientos de testimonios recopilados. No hubo registro de radar, y las explicaciones esbozadas y ninguna de ellas concluyente, oscilaron desde los efectos de un misil, a la caída de chatarra espacial, pasando por las estelas del Kosmos-955, meteoritos y auroras boleares.
CONTACTO CON SUS TRIPULANTES
Los soviéticos también pusieron el foco en la figura de los contactados, especialmente en las de Anatoly Malishev y Viktor Kostrikin.
De origen humilde, Malishev aseguraba haber tenido dos encuentros con seres extraterrestres. El primero ocurrió en la región de Fergana en 1957, cuando apenas tenía 7 años. Mientras caminaba cerca de su pueblo observó a unos 200 metros de distancia un objeto, y junto al mismo a tres figuras humanoides con trajes de buceo que se acercaron a él, escapando del lugar presa del pánico. El segundo, ocurrido en 1975 en Solnechnogorsk, fue mucho más determinante. Una tarde vio un disco plateado de unos 13 metros de diámetro y 4 metros de altura, que mostraba un anillo brillante en su perímetro. Tres seres humanoides, dos hombres y una mujer, salieron del disco y se acercaron a él. Vestían trajes plateados y tenían rostros atractivos, con ojos alargados de colores diferentes. En un momento dado la mujer le extendió la mano, y hablándole en ruso le aseguró que no debía temerles y que provenían de otro planeta. Malishev fue invitado a subir al aparato, en cuyo interior observó una luz uniforme, instrumentos parpadeantes y un ambiente nebuloso. Tras someterle a diferentes pruebas médicas, le invitaron a viajar con ellos a su planeta, cosa que al parecer hizo, contemplando en el mismo estructuras, criaturas y procedimientos propios de un mundo futurista.
En cuanto a Viktor Kostrikin, su primer contacto se remonta al verano de 1968. Durante una noche de julio vio un objeto metálico con forma de disco que emitía una luz lechosa. Ocurrió en la región de Kabardino-Balkaria. Al acercarse, fue recibido por un humanoide de aspecto similar al suyo, quien lo invitó a entrar en la nave. Al igual que Malishev, fue sometido a pruebas físicas y mentales. Sus anfitriones le explicaron que podían obtener información genética de una pequeña muestra de piel. Según ellos, el deterioro genético de los humanos era preocupante y estaban recolectando muestras para preservar la genética humana. También le mostraron un instrumento que proyectaba imágenes de la Tierra y mapas estelares, manteniendo con él una conversación profunda, sobre tema trascendentales, en la que le transmitieron su preocupación por la evolución destructiva de la humanidad, especialmente en el terreno nuclear.
José Gregorio González





