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En el ecosistema del fenómeno OVNI, especialmente en el de influencia estadounidense, hay mucha gente convencida de que, emulando el célebre cebo publicitario del programa radiofónico Espacio en Blanco de RNE, “algo increíble está a punto de suceder” Lo dicen en relación con inminentes revelaciones gubernamentales sobre la naturaleza y procedencia de los OVNIs y de sus tripulantes, de cuya existencia y condición no humana pocos parecen dudar. La ufología estadounidense, la seria, como explicación a las proezas aeronáuticas de los OVNIs, siempre fue más proclive a la hipótesis extraterrestre que la europea. ¿De dónde, si no es del espacio exterior, pueden proceder esas máquinas que juegan con nuestros aviones y leyes de la física? ¿Qué otra procedencia pueden tener esos tripulantes de variopinto aspecto y comportamiento frecuentemente anómalo, que acompañan a dichas máquinas? Obviamente, del espacio exterior…Si esto ocurre en la ufología yanki más seria, en el caso de la ufología más doméstica y de consumo rápido, aquella que se vertebra alrededor de llamativos titulares de prensa, que ha terminado por parir hijuelas como la exopolítica, y que se potencia con los efectistas virales de todo tipo de youtubers e influencers, el binomio OVNI-aliens adquiere la dimensión de verdad incuestionable. ¡Stop! Ya, ya. Me parece escuchar a más de uno puntualizando, con aires de haber descubierto la pólvora, algo que, lejos de ser original, vengo escuchando desde hace al menos cuarenta años, y que es igual de indemostrable: “no tienen que ser extraterrestres, pueden ser intraterrestres, extradimensionales, viajeros en el tiempo…” En fin. Volvamos al tema ¿Algo increíble está a punto de suceder con el tema OVNI? ¿Están los principales gobiernos, o quienes supuestamente están detrás timoneando las decisiones de los mismos, a punto de desvelarnos, por fin, la verdad?

NI REVELACIÓN NI PÁNICO

¿Nos están preparando para esa gran revelación, para decirnos que no sólo no estamos solos, sino que están aquí desde hace mucho tiempo? El que en EE.UU. cada cierto tiempo un político, un exmilitar, un agente de la industria aeronáutica, un “loquesea”, afirme en un escenario público y oficial, sin más pruebas que su relato, algo sobre la naturaleza no terrestre de los OVNIs, ¿forma parte del plan para preparar a la humanidad para que conozca, por fin, la verdad?  Yo no lo creo, pero respeto a quién afirme y defienda lo contrario. El relato de la revelación inminente es antiguo, muy antiguo. Cada vez que salía una película o una serie de tv sobre alienígenas, había alguien que lo desempolvaba. Ocurrió con Encuentros en la Tercera Fase, con V, con Expediente X y hasta con Distrito 9. El nuevo fiasco ha llegado con El Día de la Revelación de Steven Spielberg, pero de esto ya habló Jacques Vallée en 1977 en su libro Emisarios del Engaño, y mucho antes fue descrito, en 1955, por Leon Festinger, Henry Riecken y Stanley Schachter en Cuando las profecías fallan. A estas alturas, lo que sin duda resulta increíble es que se siga creyendo en que algo increíble está a punto de suceder. Cientos de informes, miles y miles de papeles, muchas decenas de filmaciones y fotografías después, que han sido desclasificados por EE.UU. en la última década, dan como balance la nada, o casi. Al menos, la liberación de toda esta información ha dado la razón a quienes sostenían que gobiernos y militares tenían interés y archivos sobre el tema OVNI que ocultaban a la opinión pública. Hemos confirmado algo que sabíamos, que ellos mentían, con los daños colaterales que ha implicado esa mentira para la reputación y las vidas de quienes denunciaban esa realidad. Otra cosa es el trasfondo real tras esa mentira, las motivaciones y el nivel de gravedad. Seguramente han mentido por sistema, por protocolo. Quizá les convenía alimentar las dudas para ocultar o despistar sobre sus propios desarrollos tecnológicos. El mito alien del Área 51 les vino de perlas para ocultar las pruebas nucleares subterráneas que allí llevaban a cabo, o el desarrollo de la tecnología de los aviones furtivos o los hoy omnipresentes drones, entre otros cacharros que han salido del Campo de Pruebas de Nevada. También es posible que mintieran simplemente porque estaban ante algo -humano o no- que no podían atrapar, que les burlaba, y que, además, a pesar de presupuestos ilimitados en defensa, cuestionaba su control. Otros defienden, empeñados en reformular la creencia alien, que los gobiernos negaban para evitar el pánico colectivo, el colapso de la sociedad y sus instituciones, de ahí lo de prepararnos para la revelación. Quizá llegado el improbable momento colapsemos, o no. Igual no nos lo creemos, pensemos que es un fake digital, el tráiler de un videojuego…En todo caso es recurrente oír que el riesgo de que todo se vaya al garete es enorme, considerando lo que ocurrió con aquella histórica transmisión radiofónica teatralizada del 30 de octubre de 1938, en la que Orson Welles y el Mercury Theatre adaptaron La Guerra de los Mundos de Herbert George Wells. A pesar de la idea generalizada, que se repite una y otra vez, sobre el pánico generalizado y los suicidios a lo largo y ancho de aquellos Estados Unidos, sabemos hace mucho tiempo que eso no fue así. Se dieron algunos casos aislados que fueron sobredimensionados, y que se combinaron con falsedades de campeonato, todo ello como estrategia de la prensa escrita para desacreditar a la creciente radio, que le comía el pastel publicitario.

LA BURLA Y LA ESPERA

Alguna vez, con personas muy inteligentes, hemos debatido sobre este tema de las revelaciones y las desclasificaciones OVNI. Personalmente celebré, con la cautela que me caracteriza, los movimientos gubernamentales de EE.UU. sobre este tema motivados por la difusión de unos vídeos por parte de The New York Times en 2017.  Las reiteradas audiencias del congreso, las declaraciones impactantes de los primeros momentos, la creación de la Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios, los informes del Pentágono y la NASA,…Con todo eso, al menos, reconocían que siempre habían tenido un ojo puesto en el tema. Sin embargo, con el tiempo, al hilo de las extraordinarias expectativas creadas sobre revelaciones de impactantes secretos, y tras las recientes cuatro primeras e insulsas entregas de archivos de la desclasificación Trump, iniciada en mayo de 2026, la cosa pinta mal para quienes defienden la existencia de esos secretos.

A todas estas, tanto si se les atribuye una presencia en la Tierra desde la noche de los tiempos, como si la circunscriben a las últimas décadas, las presuntas visitas aliens casi siempre presuponen un mayor desarrollo tecnológico, una posición desde donde marcar la narrativa. Y ahí entra en escena el llamado contacto masivo, la evidencia definitiva que “ellos” podrían proporcionar inequívocamente. El porqué no sucede es parte de otro argumentario del que quizá, algún día, nos ocupemos.

– José Gregorio González

 

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