En agosto de 2013 el geólogo hindú Nitish Priyadarshi, interpretó en clave paleo-astronáutica una serie de grabados plasmados sobre el granito en un yacimiento de la aldea de Piska Nagri, en la ciudad de Ranchi, en el estado hindú de Jharkhand. En apariencia están representados -dado que se considera que no son naturales como producto de la impresión- dos pares de huellas con pies calzados con sandalias, de unos 27 cm de largo por 12,7 cm de ancho, en una roca en la que aparece también grabado un ”aparato volador”, o un ángel, según se mire. Todo ello en una zona de la India en la que existe una leyenda local sobre el descenso de algunos dioses, como Rama y Lakshaman. Los grabados están en los restos de un saliente rocoso de granito que ha sido usado como cantera por los lugareños, quienes han conservado esta parte por considerarla sagrada. Las marcas presentan los efectos de la erosión, por lo que Priyadarshi descartó que fuesen recientes, aunque podrían haber sido trazadas por generaciones anteriores, para dar fuerza a la leyenda del descenso de dichos dioses. Tal vez, dichos grabados, formaran parte de una práctica presente en la zona que plasmaba en piedra elementos que reforzaban o perpetuaban sus tradiciones, sin pensar que con ello, los seguidores de las teorías de Erik von Däniken, las tomarían como potenciales evidencias de origen ancestral. Ya han pasado casi 13 años y aquel curioso enigma continúa sin ser resuelto.





