Fernando Hernández González
Antropólogo Expedición Raíces Ancestrales
Este mes de agosto una veintena de canarios se verá las caras con la comunidad yaqui, en los tórridos y desérticos escenarios de Sonora, en México. Viajan siguiendo la pista de una planta endémica de Canarias, la Genista canariensis, o retamón, arbusto que a 9.000 kilómetros de distancia de nuestras islas tiene la consideración de sagrada. ¿Cómo llegó a estos territorios? Cuando viajó, ¿lo hizo siendo sagrada también entre los canarios que dejaba atrás? De todo ello conversamos con Fernando Hernández, director científico de la expedición Raíces Ancestrales.
-Vayamos al grano. ¿Raíces Ancestrales afirma que hay planta canaria, la retama canaria, en territorio yaqui que tiene un uso ceremonial, una especie de hierba chamánica?
Con lo que llevamos recogido en tres años de trabajo de investigación, podemos afirmar que sí. En algunas rancherías del valle del río Yaqui en Sonora, se ha documentado antropológica y etnográficamente desde la década de los cuarenta del siglo pasado el uso ceremonial de una planta que no nombran en lengua náhuatl ni yaqui los curanderos tradicionales, que coincide con esta planta endémica de Canarias. Cuando en su momento le mostramos imágenes de la misma la reconocieron sin ningún género de duda. Hoy crece silvestre en algunas partes de la serranía de Sonora, pero alguien la llevó y la sembró con una intención muy concreta, y esas dudas nos han llevado en los últimos tres años a preguntarnos ¿quién y por qué lo hizo?
-Ustedes han organizado una expedición para intentar fijar en el tiempo la llegada de esa planta y a los responsables. ¿Sospechan de los jesuitas?
Es la hipótesis que mejor encaja con nuestra investigación, aunque no es la única que manejamos. La Compañía de Jesús envió desde Europa varios sacerdotes que llegaron a Sonora a mediados del siglo XVII para evangelizar el territorio, y casi todos hicieron escala en Canarias de camino a Nueva España. Pudieron llevar semillas para su uso como planta medicinal, aunque también serían conocedores de los efectos psicotrópicos de la planta. Es este sentido, no descartamos ninguna de las hipótesis que barajamos. De hecho, buena parte de nuestro trabajo en los archivos jesuitas es dar con el nombre de aquel que llevó la primera semilla.
-Llevan mucho tiempo planificando, con una enorme logística que cualquiera puede imaginar. Lo que no sabe la gente, es que han sido sometidos a una especie de chequeo espiritual por parte de los sabios yaqui.
La logística ha sido, y está siendo, parte de una laboriosa preproducción ejecutada por Cambuyon Film Cumbre Serena, productora bajo la dirección de Eduardo Álvarez. Coordinar un equipo de veintidós personas, equiparnos con el material de rodaje de última generación, elaborar un preciso plan de trabajo, está siendo épico. En mi caso, como director científico de la expedición, me ha tocado gestionar los permisos con las autoridades tradicionales. Nuestro mediador con los ocho pueblos Yaquis, D. Ángel, nos pidió fotografías de los miembros del equipo. Para ellos la planta es sagrada. Intuimos que habrán “analizado” nuestras intenciones. Al final, nos han dado afortunadamente el permiso para continuar con nuestra labor. Esto es real y no lo contamos para dar color a la historia.
-¿Cual es, a grandes rasgos, la «hoja de ruta» de la expedición?
En términos generales tiene tres tramos. El primero es de archivo, rastreando toda la documentación existente y poniéndola en contexto. El segundo es el trabajo de campo en Sonora, con las entrevistas, recolección de muestras botánicas junto a la comparación genética entre la planta de allí y las poblaciones en Canarias. Y el tercero, con la información recogida, la realización de un libro que plasme el proyecto en formato papel que complemente el documental.
-Alguien tuvo que explicar a la nación yaqui que esa planta tenía esos efectos. Es lógico pensar que fueron los portadores, pero también hace pensar en que en Canarias era usada con similar objetivo.
Esta es la parte más apasionante de nuestra hipótesis. Lo lógico sería pensar que quién llevó la planta explicó también para qué servía, pero el uso que le dan los yaquis no termina de encajar con nada que hayamos leído sobre botánica de convento europeo. Encaja mejor con algo que ya existía antes en Canarias, algo que los propios portadores quizá conocían por la oralidad de la población isleña, y que simplemente se sincronizó con las prácticas ceremoniales Yaqui. Es, de todas las hipótesis, la que más nos fascina, porque apunta hacia una historia canaria que no aparece en ninguna fuente etnohistórica.
-Vamos, que hubo algo parecido al chamanismo en Canarias y se lograban estados alterados de conciencia
Hay indicios, no certezas. Las crónicas de la conquista mencionan que entraban en estados que los propios cronistas describen como trance. Ninguna de ellas dice de forma explícita «aquí usaban esta planta para lograr este efecto«, porque quién escribió esas crónicas no tenía ningún interés en documentar con precisión una práctica que estaban erradicando. Así que lo que tenemos es un vacío con forma de algo, y hay que reconstruirlo con mucho cuidado, sin rellenar los huecos con lo que nos gustaría encontrar.
Y algo así, ¿por qué no se ha investigado antes?
Pues supongo -y lo digo sin acritud- que por lo de siempre, una mezcla de prejuicios a la hora de abordar ciertos aspectos de la cultura indígena del archipiélago, y la falta de fondos a nivel institucional para abordar este tipo de trabajos, donde los presupuestos se destinan a otras cosas. A eso se suma que cruzar dos campos tan distintos, la etnobotánica y la etnografía en territorios fuera de las islas, no encaja en ninguna casilla de financiación. Nosotros llegamos siguiendo un dato suelto en un trabajo bibliográfico del pasado siglo, y al tirar del hilo nos dimos cuenta de que era un tema que puede abrir nuevas vías de investigación en el futuro sobre el uso de plantas psicotrópicas en la cultura ceremonial de las poblaciones indígenas de las islas.
-Por fortuna, para tamaña aventura cuentan ustedes con el apoyo necesario
Sí, y sin eso no habríamos llegado a ninguna parte. Tenemos el respaldo de un grupo inversor francés que apostó desde el primer momento con los fondos económicos necesarios cuando se les presentó el proyecto. Además, contamos con un contrato firmado con una plataforma para los derechos de emisión del documental, y el permiso de las autoridades tradicionales yaquis para trabajar en su territorio. Esto último fue lo que más nos costó conseguir, y también lo que más nos importa no traicionar.
UN ÍCONO DE LA RESISTENCIA
Los ocho pueblos tradicionales yaqui son herederos de la población originaria que, en el primer tercio del siglo XVI, mantuvo a raya a los conquistadores castellanos cuando llegaron al río Yaqui. Y lo de “raya” parece literal, ya que se cuenta que en su primer contacto con Diego de Guzmán, el jefe del pueblo Yoeme trazó una línea con su arco para que no la cruzaran. Tanto en esta como en otras ocasiones la victoria fue para los yaquis. Casi un siglo después, los jesuitas entraron con mejor pie, estableciendo una alianza que respetaba su autonomía, territorial y cultural, hasta que la independencia de México los situó en el centro de una persecución que sólo concluyó hacia 1937, cuando fueron parcialmente restituidos. Hoy sus cultos son sincréticos, rastreándose elementos de su pasado indígena.