La mítica oleada OVNI de Bélgica, acontecida en 1989-91, y en la que se reportaron cientos -algunos dicen que cerca de 2000 casos y 13.000 testimonios- de observaciones de OVNIs, en su mayor parte triangulares, motivó que el entonces Estado Mayor de Inteligencia de Defensa del Reino Unido pidiera a sus agentes que buscarán pruebas, y restos físicos, de aquella asombrosa tecnología. Y no era para menos, ya que lo que se contaba de aquellas observaciones de alas volantes, oscuras -mostraban tres potentes luces blancas en los vértices y una luz roja intermitente o giratoria en el centro-, capaces de alcanzar velocidades asombrosas o mantenerse en vuelo estacionario a baja altura y en completo silencio, invitaba a pensar en una supertecnología que lo podía cambiar todo. Demasiada gente estaba viendo aquello, y demasiado ruido institucional y mediático se había generado, como para ignorarlo. No en vano, en uno de los casos, dos F-16 intentaron interceptar a uno de estos triángulos, verificando como descendía en dos segundos de 3.000 a 150 metros de altitud, algo aparentemente imposible para nuestra tecnología.
A día de hoy, las cosas no están claras con respecto a la naturaleza de aquella oleada. Los candidatos más terrenales eran los fascinantes aviones Stealth, como el F-117 )Lockheed F–117 Nighthawk), con formas triangulares, de color oscuro e invisibles al radar. En aquellos años andaban casi en pruebas, pero no parece que su avanzada tecnología llegara hasta los límites reportados por los testigos. Quién sabe. En todo caso, lo que nos interesa aquí es conocer cómo los mandos de Defensa siguieron con interés e intentaron rastraer cuánto de válido podía haber en aquella oleada y en otros avistamientos, pidiendo a los suyos que buscaran esa tecnología en caso de existir realmente. Esos intentos están documentados en papeles desclasificados y alojados en los Archivos Nacionales de Reino Unido, un material de gran valor para combinar con éxito algunas piezas del gran rompecabezas ufológico.





