Madre mía! ¿En serio?, ¿un juez? Un principio muy popular de la física cuántica plantea que las múltiples posibilidades de realidad cristalizan en una sola cuando un observador interviene. De alguna forma, del «bombo» que contiene todos los números de la lotería, sale uno que resulta ganador, configurando la realidad. Efecto observador. Hoy, eso parece más plausible que nunca. Tenemos realidades a medida. Me recuerda también al reclamo new age relativo a que «somos seres creadores de nuestra propia realidad». Quizá, en ambos casos, no estaba contemplada tanta literalidad, a la vista del mundo de realidades múltiples, a la medida de cada uno, en el que vivimos y en el que todo tipo de narrativas emergen sin parar. Cada uno tiene su propia «matrix» y debemos aprender a gestionar esa realidad global de realidades múltiples. Eso me hace pensar en la historia de «hipnocracia», que ahora, más que bulo o fake, parece un retrato de lo que ocurre.
Te puede caer mejor o peor Zapatero, y tener afinidades o cruzadas personales contra él, sus acciones, etc., justificadas objetivamente o desde un territorio más subjetivo, pero, ¿no hay límites? ¿perdimos para siempre el faro del sentido común? Tengo buenos amigos que están en las antípodas de cómo pienso, y la vida sigue, y el respeto se mantiene. Opinar diferente nos enriquece. Pero…
A las acusaciones de crímenes de lesa humanidad que se le asignan desde hace casi una década por sus relaciones diplomáticas/mediadoras, oficiosas/oficiales, con Nicolás Maduro, se suma ahora una denuncia por presuntos delitos de «organización criminal y tráfico de drogas», entre otros asuntos. Lo peor es que, la cosa, ha dado un primer paso con el «guiño» de un juez.
Ya no hay que ver para creer, simplemente, sólo necesitamos querer creer.





