COMPARTE:

EN LOS ÚLTIMOS AÑOS UN CRECIENTE NÚMERO DE PROFESIONALES DE LA PSICOLOGÍA HA COMENZADO A MANEJAR EL CONCEPTO “FLUIR” PARA REFERIRSE A UN DETERMINADO ESTADO DE CONCIENCIA EN EL QUE ES POSIBLE EXPERIMENTAR LA FELICIDAD O MOMENTOS DE BIENESTAR SUBJETIVOS A TRAVÉS DE TODO TIPO DE ACTIVIDADES, MUCHAS DE ELLAS COTIDIANAS. DE NUESTRO LIBRO PIENSA EN POSITIVO VIVE EN POSITIVO (LUCIÉRNAGA 2017) EXTRAEMOS EL SIGUIENTE RESUMEN

¿Quién no ha vivido alguna vez uno de esos momentos de febril actividad en los que la implicación en la acción que estamos realizando en capaz de focalizar toda nuestra atención, aislarnos del mundo hasta el punto de hacernos perder la noción del tiempo, combinando una clara sensación de paz y una potente lucidez mental con la ausencia total de preocupación? Cuando esto nos ocurre al realizar una actividad cualquiera, independientemente de su finalidad última e incluso de que pudiera tratarse de una tarea sumamente aburrida, cuando la ejecución de la propia acción genera esa sensación de bienestar, estamos experimentando un “estado de experiencia óptima” o, lo que es lo mismo, estamos “fluyendo”…y lo curioso es que sí nos preguntan cómo nos sentíamos en ese momento, de manera retrospectiva, no dudaríamos en decir que nos sentíamos “felices” y “realizados”

Mihaly Csikszentmihalyi, el mayor especialista en la materia, a quien le debemos además el haber acuñado el concepto “fluir”, asegura que dejarnos llevar por este flujo puede conducirnos a mayores y más frecuentes estados de felicidad siempre y cuando cumplamos con un requisito: conocer y dominar nuestra propia conciencia hasta el punto de que seamos capaces de actuar sobre nuestra subjetividad y, consecuentemente, sobre las formas de interpretar lo que estamos experimentamos. En otras palabras: no importa lo que hagamos mientras seas conscientes de ello (vivir en el ahora), tengamos un buen nivel de control sobre la acción (en consonancia con nuestras habilidades) y estemos decididos (propósito) a encontrar disfrute en lo que nos sucede, día a día. ¿En qué se traduce esto? Pues en que podemos fluir pasando una tarde pesca, leyendo una absorbente novela, completando un tapiz de patchwork, escribiendo un poema, realizando un álbum fotográfico del pueblo en el que vivimos, teniendo una sesión de profundo y afectivo sexo, asistiendo y participando con atención plena de un oficio religioso, resolviendo un puzzle, dando o recibiendo un masaje, montando una maqueta, completando los balances económicos de la oficina, montando la instalación eléctrica de un edificio, creando una comunidad web nutrida de redes sociales y plataformas de pago, etc…la lista es tan larga como podamos imaginar. Basta con vivir el ahora mientras lo hacemos focalizando la atención en la tarea, tener habilidades para poder afrontar la misma con unas mínimas garantías de éxito si seguimos un método o pauta, y en tercer lugar, sentirnos motivados y querer encontrar disfrute en esa tarea tanto sí debemos hacerla por responsabilidad o por decisión propia. Quienes trabajan en este terreno y lo han investigado a fondo aseguran que casi todo el mundo tiene herramientas, habilidades y fortalezas para experimentar el flujo, incluso cuando la adversidad, las obligaciones o el aburrimiento sean la pauta con la que definamos nuestras existencias.

Csikszentmihalyi, convertido para nosotros en un autor de referencia y cuyas obras recomendamos a cuantos podemos, maneja una terminología propia para explicar las conclusiones a las que ha llegado tras décadas de investigaciones al respecto, nutriéndose de los testimonios de perfiles tan diversos como el de Premios Nobel, inventores, trabajadores de cadenas de montaje en fábricas, artistas, oficinistas, deportistas, amas de casa, adolescentes, jubilados…Este autor utiliza el concepto de autotélicas para definir a las actividades en las que se produce ese momento de felicidad. “Una actividad autotélica es aquella que hacemos por sí misma, porque vivirla es su principal meta. Por ejemplo, si yo jugase una partida de ajedrez principalmente para disfrutar de la partida, ésta sería una experiencia autotélica para mi; pero si jugase por dinero o por alcanzar una posición en la clasificación mundial de ajedrez, la misma partida sería principalmente exotélica, es decir, motivada por un objetivo externo. Si se aplica a la personalidad, la expresión autotélico designa a una persona que generalmente hace las cosas por sí misma en vez de hacerlas para conseguir después un objetivo externo”

Siete claves para fluir.

Las afirmaciones de Csikszentmihalyi se desprenden del análisis de decenas de miles de entrevistas realizadas a individuos de todo el mundo a cerca de lo que sentíaN y lo que hacían “cuando sus vidas estaban en apogeo, cuando lo que estaban haciendo era lo más agradable”. El resultado fue realmente asombroso y en muchos aspectos transcultural, pues reveló que existían notables similitudes en la manera en la que la gente describe la manera en la que se siente bien cuando realiza algo con lo que fluye, similitudes que emergían con independencia del sexo, la edad, la nacionalidad o la condición social de los encuestado.

En todo ellos latía la percepción de que aquello que les hace fluir, por mucha energía, tiempo y atención que tuvieran que dedicarle para llevarlo a cabo, se desarrollaba paradójicamente asemejándose a un movimiento sin obstáculos insalvables ni esfuerzo aparente…como el agua fluyendo por un riachuelo. Podía suponer en apariencia un gran desgaste pero la paradoja es que parece desarrollarse solo…simplemente fluye.

Csikszentmihalyi descubrió también que es posible alcanzar el flujo en casi cualquier situación de la vida. De hecho, según revelaron sus encuestas, pasar el tiempo con la familia y en especial con los amigos son situaciones cotidianas en las que las personas fluyen en mayor medida. Otras actividades propensas a generar experiencias óptimas son la práctica de algún deporte, la lectura, cocinar, el baile, el sexo consciente y no compulsivo, el yoga, los trabajos manuales que combinen método y creatividad, la música, los juegos y acertijos, o el deleitarnos contemplando paisajes, obras de arte, etc. No obstante y en contra de tópicos e ideas socialmente asumidas que no dudamos en repetir, mucha gente experimenta vivencia de flujo mientras trabaja, sin importar si eres carpintero, fontanero, agente de bolsa o actor. La realidad científica es que por regla general la gente experimenta el flujo en sus trabajos, y que la ausencia de trabajo perturba, desordena nuestra mente y nos conduce a alimentar visiones negativas de la vida.

Durante la investigación se reveló la existencia de al menos siete factores o ingredientes que deben formar parte o caracterizan una experiencia para que ésta sea capaz de provocar estos “chutes” de felicidad y bienestar general. Tomando conciencia de éstas siete claves podemos “lograr el control de la conciencia y convertir incluso los momentos más monótonos de nuestras vidas en acontecimientos que ayuden a que crezca nuestra personalidad”, apostilla Csikszentmihalyi.

1. Realizar actividades desafiantes que requieran habilidades.

La sensación de flujo aparece ligada a un equilibrio entre nuestro potencial para actuar y la dificultad de la actividad. Por ejemplo, una partida de ajedrez carecerá de flujo si el contrincante no está a nuestro nivel: si es muy superior, nos sentiremos frustrados; si es inferior, nos aburriremos. Lo mismo sucede con la lectura, el cine, la música o las conversaciones con otras personas. Por tanto, para fluir con las tareas que realizamos, éstas habrán de estar en consonancia con nuestras posibilidades reales.

2. Combinar acción y conciencia.

Debemos ser capaces de concentrarnos en lo que hacemos. Si emprendemos una actividad que requiere la mayor parte de nuestras habilidades, nuestra atención estará centrada en la misma. “Como resultado –apunta Csikszentmihalyi– sucede uno de los aspectos más distintivos y universales de la experiencia óptima: las personas están tan involucradas en lo que están haciendo que la actividad llega a ser algo espontáneo, casi automático; dejan de ser conscientes de sí mismos como seres separados de las acciones que están realizando”

Este factor o ingrediente nos permite hacernos uno con la actividad en cuestión. El hecho de centrar toda la atención sobre un trabajo nos proporciona un disfrute y contribuye a poner orden en nuestra conciencia, al olvidar otros aspectos desagradables de nuestra vida. Estaríamos pues ante un tipo de concentración tan completa que logramos minimizar nuestros problemas hasta el punto de hacerlos desaparecer durante la actividad.

3. Metas claras.

Tener las metas claras es fundamental para que la experiencia de flujo surja, permite claridad en los objetivos, un rumbo hacia el que dirigir nuestra actividad, con una serie de etapas por las que pasar o ir superando. En un partido de tenis la meta clara sería la forma más adecuada de golpear el siguiente golpe con nuestra raqueta para conseguir un efecto determinado, por ejemplo, o en el montaje de una maqueta, el sector que debemos articular y completar antes de pasar al siguiente.

4. Retroalimentación.

La retroalimentación, si además es inmediata, es un indicativo de que estamos en el camino correcto, lo que supone en sí mismo un estímulo, que a la vez nos confirma y afianza en la actividad y refuerza la sensación de flujo, la concentración, etc…Un buen número de buenos ejemplos nos los brinda una vez más el mundo deportivo. Tras golpear con la raqueta de la forma adecuada (meta definida) inmediatamente la jugadora recibe información de lo acertado o no que ha sido en relación con el resultado esperado. Hay experiencias de flujo en las que la retroalimentación no puede ser tan inmediata por razones muy obvias, como en el caso de un cirujano, un fisioterapeuta o un psiquiatra.

5. Sensación de control.

La ocupación capaz de provocar flujo debe ir asociada a una sensación de control, de tener las riendas de lo que hacemos, o cuando menos de no estar preocupados por perderlas. Este aspecto caracteriza sobre todo a los practicantes de deportes de riesgo, donde la sensación de control es una pieza fundamental, aunque pueda desaparecer en un segundo. Y esa sensación produce flujo, disfrute, puesto que va ligada al desarrollo de todas las habilidades que tiene el deportista para reducir el peligro al máximo.

6. Perdida de la autoconciencia.

Esta expresión describe la total despreocupación por uno mismo que se siente durante la experiencia de flujo. Básicamente, quienes lo han experimentado, lo describen como la unión total con el trabajo o tarea que se realiza hasta el punto de experimentar una sensación de no existir de forma independiente a la actividad. Los surfistas lo experimentan habitualmente cuando subidos a una ola serpentean sinuosamente por ella. De esta manera la energía psíquica no se desgasta en estar pendiente de dar a los demás la imagen de los creemos ser. Al alpinista le importa bien poco tener la cara sucia y el pelo despeinado, el pizzero que fluye no sabe de la harina que cae por todo su cuerpo, el alfarero tiene barro por doquier, etc.

7. La transformación del tiempo.

El tiempo es subjetivo y la mejor prueba de ello es comprobar cómo, cuando estamos disfrutando, las horas parecen minutos. La plasticidad del tiempo es algo que todos hemos experimentado en alguna ocasión, pero que tiene unas claras excepciones en aquellas actividades generadoras de flujo en las que el control del tiempo es una habilidad necesaria para fluir, como puede ser el caso de una prueba de ciclismo.

                                                                                   José Gregorio González

Todo el contenido en PIENSA EN POSITIVO, VIVE EN POSITIVO. Editorial Luciérnaga. 2017.

COMPARTE: