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Me permito reflexionar en esta breve entrada sobre un hecho al que cada vez le doy más vueltas, relacionado con la puntería de los profetas y videntes de todos los tiempos en relación con la Pandemia del COVID-19. Lo hago dado que, en el mundo de hoy, a la más mínima se hace viral cualquier potencial pronóstico acertado, y de esta forma han circulado varios por las redes.

En primera instancia invito a tomar tierra con un punto de partida que nunca antes habíamos vivido. Estamos ante una Pandemia cuya percepción de gravedad va en aumento entre la población, alcanzando posiblemente niveles de alarma, difusión y expectación nunca antes logrados. No hablo de gravedad-contagios-mortalidad, que es algo que el tiempo se encargará de aclarar al depurar estadísticas propias del COVID-19, sino de impacto, de efecto global planetario. Hemos vivido grandes epidemias y pandemias que han arrasado con millones de vidas en el pasado, pero el mundo era entonces bastante diferente al actual. En ese sentido, lo que ocurre con el COVID-19 es por el momento, por su impacto creciente a tiempo real y dimensionalidad, único. De manera que, en el supuesto de existir “radares psíquicos” en algunas personas, capaces de vislumbrar el futuro, (profetas biblicos, Nostradamus, Parravicini, Malaquías, Edgar Cayce, Baba Vanga, Jane Dixon o Alan Vaughan, por citar algunos) se nos antoja que un episodio así tendría que aparecer reseñado en su legado. Obviamente, esta presunción prescinde del hecho de que, de existir la facultad de anticiparnos al futuro, responde a mecanismos que escapan a nuestro control, en cierta medida arbitrarios, por lo que la obligación de que el COVID-19 aparezca reseñado no se rige por ninguna hipotética ley de la profecía. Además, también puede suceder que lo que hoy consideramos excepcional por su gravedad o bien impacto planetario, sea una nimiedad comparado con lo que puede llegar en el futuro, en uno, dos, veinte o cien años, de forma que dicho radares psíquicos pueden haber recibido impactos de mayor entidad de los que, obviamente, no sabemos nada.

Pues bien, en este ejercicio de especulación, tomando por bueno que el COVID-19 es un evento extraordinario en cuanto a su impacto, nos preguntamos, ¿aparece en las profecías? Al parecer, no, al menos de momento. La primera liebre saltó con el prolífico escritor Dean Koontz, quien en 1981 en su libro de terror-ciencia ficción Eyes of Darkness escribía sobre un virus desarrollado en China y llevado a EE.UU, un virus llamado Wuhan-400. En una lapidaria frase de su obra se puede leer: “Wuhan-400 es el arma perfecta Al parecer el propio Koontz  se ha desmarcado de quienes le ven como un vidente explicando, además, que inicialmente su virus se creaba en Rusia, pero que en ediciones posteriores y a petición de sus editores, se reubicó en Wuhan para conectarlo con los nuevos escenarios geo-políticos. Es decir, en la primera versión de 1981 era Gorki-400 y a partir de 1989 Wuhan-400.

Una segunda liebre saltó de las socorridas cuartetas de Nostradamus, que siguen siendo tan simbólicas e incomprensibles como siempre. El falso texto convertido en viral con su correspondiente conexión con los hechos del COVID-19 es: “Y en el año de los gemelos (20-20) / surgirá una reina desde el oriente (China) / que extenderá su plaga (el virus) / de los seres malos de la noche (murciélagos) / a la tierra de las 7 colinas (Italia) / transformando en polvo (muerte) / a los hombres del crepúsculo (ancianos) / para terminar en las sombras de la ruindad (colapso económico global).

Estamos ante una trola como una casa, una cuarteta inventada a la que, no obstante, le ha salido un recambio, otra cuarteta esa vez auténtica, menos precisa pero que seguramente estemos dispuestos a aceptar como plausible: La gran peste de ciudad marítima. No cesará hasta que muerte no sea vengada. Condenada sin crimen del justo sangre tomada. De la gran dama por disimulo no ultrajada.

El truco aquí está en que la primera es un fraude monumental, que rechazamos de pleno abiertamente, y la segunda, situada tres escalones más abajo en cuanto a precisión, seguramente la aceptaremos como posible acierto por ser menos ambiciosa. Una técnica clásica de negociadores, donde primero te ofrecen el precio más alto y después te hace una notable rebaja con respecto a ese precio inicial, pero realmente sigue siendo muy alto. El precio en este caso equivale a nuestra credulidad.

En las quinielas ha entrado también Benjamín Solari Parravicini, en una de cuyas psicografías inéditas custodiadas por la investigadora Bibiana Bryson, parece estar encriptado este episodio. El dibujo canalizado por este argentino en 1935 muestra un rostro junto a varias formas geométricas que Bryson “descodifica”, junto al texto: “RESFRÍO DE CABEZA Y GARGANTA SERA EL PRINCIPIO DE LA GRAN PESTE”  Me animo a invitar al lector a que visite los espacios de Bryson y saque sus conclusiones. Personalmente me parece ajustado, aunque lo del logotipo es significativo.

Finalmente, la última de las liebres saltó con la vidente Sylvia Browne, quien en 2008 publicó End of Days: Predictions and Prophecies About the End of the World  escribiendo: Alrededor de 2020, una enfermedad grave similar a la neumonía se extenderá por todo el mundo, atacando los pulmones y los bronquios y resistiendo todos tratamientos conocidos. Casi más desconcertante que la enfermedad en sí será el hecho de que desaparecerá tan pronto como llegue. Atacará de nuevo diez años después, y luego desaparecerá por completo”

Sin duda, de lo visto hasta ahora, parece precisa y es además real. No tengo ninguna simpatía especial por Browne, pero al consultar su entrada en Wikipedia me quedé pasmado con la de ataques que reciben, le llueven collejas, lo que evidencia una vez más lo manipulada que está la fracasada enciclopedia libre. Posiblemente lo que dicen de sus profecías erradas sea cierto, no me molestaré en comprobarlo, pero incluso del ser más detestable se puede decir algo bueno, y no hay nada de eso en el perfil de Wiki. Cabe preguntarse sí, en décadas dedicada a la videncia, a realizar profecías públicas y privadas, ¿no ha tenido ni un acierto, por churro que sea? De ser así, su biografía debería ser investigada precisamente por eso, por no acertar en nada incluso en contra del azar…lo que digo, a fin de cuentas, es que no nos tomemos muy en serio ciertas cosas de la wiki especialmente cuando tratan de estos temas. Creo que lo de Sylvia Browne conecta realmente con lo que está sucediendo, aunque sea un monumental churro, una casualidad entre un millón.

La cuestión final de una crónica que erróneamente anticipé como breve es que, a pesar de lo precisa que parece, han surgido voces que la “desmontan”, aseverando que es ambigua con el año, que no es una neumonía, que sí desaparece es porque es estacional…Una de esas lecturas críticas la realizó Benjamin Radford, del hemos leído en INDEPENDENT Después de que el extracto se volvió viral, muchos descartaron la predicción como demasiado vaga, y el ultra-pseudo-escéptico Benjamin Radford, del que por cierto hay un heroico perfil en Wikipedia repleto de méritos algunos de los cuales son francamente risibles, desmintió la utilidad de la profecía de Browne con el siguiente argumento publicado en Independent:

“Entonces, ¿qué predijo Browne que sucedería en algún momento durante esos años? Covid-19 no es ‘una enfermedad grave parecida a la neumonía’, aunque en algunos casos puede provocar neumonía. La mayoría de los infectados (alrededor del 80 por ciento) tienen síntomas leves y se recuperan bien, y la enfermedad tiene una tasa de mortalidad de entre el 2 y el 4 por ciento. “[La segunda oración] es falsa, al menos a partir de ahora. Covid-19 no ha “desaparecido repentinamente tan rápido como llegó” e incluso si finalmente lo hace, su patrón de emergencia tendría que compararse con otros datos epidemiológicos típicos para saber si es “desconcertante”.  No hay más comentarios

Jose Gregorio González

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