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LA INCREÍBLE HISTORIA DE ROBERTO BUBAS

Un argentino se sumerge y juega con las orcas

 

Pocas escenas de la interacción entre seres humanos y animales han causado tanta perplejidad y emoción como las protagonizadas por el guardafauna argentino Roberto Bubas y un grupo de orcas en la región de Chibut, en plena Patagonia Argentina. Con la serenidad de sus playas como escenario, este comprometido defensor de la naturaleza se ha zambullido para jugar e interactuar con el mayor predador del planeta. Es así como las orcas acuden a su encuentro, ofreciéndole algas tal vez como obsequio, mientras parecen disfrutar de las melodías que salen de su armónica…

Roberto Bubas las llama por su nombre y ellas acuden. Interactúa con ellas con la misma naturalidad con la que cualquiera lo haría con su mascota. Es una historia de amistad. Ajena al coraje, sin desafíos entre el hombre y el animal, “una relación horizontal con la naturaleza, de empatía” como a él mismo le gusta describirla. No hay una definición más acertada para describir el especial vínculo que años atrás logró establecer Roberto Bubas con un grupo de nueve orcas que frecuentan el Área Protegida de Península Valdés, en la Patagonia Norte de Argentina. Las filmaciones y fotografías de sus encuentros cercanos con las orcas de Chibut, junto a su testimonio y el de aquellos que han tenido el privilegio de contemplar tan especial espectáculo, han contribuido en los últimos años de forma notable junto a cintas de ficción tan afamadas como la saga Liberad a Willy, a disipar la mala prensa que arrastraban las orcas (Orcinus orca), presentadas ya desde tiempos de Plinio El Viejo en el siglo primero de nuestra Era como ballenas asesinas, implacables y voraces.

La orcas, que a diferencia de lo que muchos piensan todavía no son ballenas, sino el mayor de los delfines oceánicos conocidos, son criaturas inteligentes, con apasionantes habilidades para la caza, la comunicación o el aprendizaje, y con una compleja organización social determinada de forma especial por su estructura matrilineal, de manera que las orcas que integran un grupo pertenecen al mismo por descender de las hembras. Y son precisamente ellas las encargadas de enseñar, de transmitir a los nuevos individuos la “cultura” que cada grupo es capaz de generar. Esto queda meridianamente claro en el grupo de Orcas de Chibut con el que nuestro protagonista forjó su especial vínculo, ya que estos ejemplares contaban con una característica que las convertía en singulares antes de establecer lazos de amistad con Roberto Bubas. “Estas orcas –nos explica el propio Bubas– tienen  la particularidad de haber desarrollado la técnica de varamiento intencional con el objetivo de cazar criar de lobos y elefantes marinos. Concretamente son siete animales que realizan este método de encallarse sobre la playa para capturar los animales, y esto las hace únicas como técnica de caza en el mundo. Motivado por este hecho viene todos los años mucha gente a verlas y es un espectáculo maravilloso de por sí. Solo cinco hembras son las responsables de ese paso intergeneracional de esta habilidad, que es parte de una cultura de alimentación muy notable y única, que no es instintiva sino adquirida fruto del aprendizaje”

FLUIR CON EL MEDIO

Bubas tuvo muy claro, desde temprana edad, que la naturaleza desempeñaría un papel fundamental en su vida. Nacido en 1970 creció con la Cordillera de los Andes y la Patagonia como escenarios, manteniendo un contacto permanente y fluido con la naturaleza de la región…con su geología, con su flora y especialmente con su fauna. Es posible que también su admiración por el afamado oceanógrafo y divulgador científico Jacques Cousteau, influyera en su decisión de estudiar biología. Sin embargo, poco podía imaginar entonces lo que estaba por sucederle, más de 300 cálidos encuentros, directos y hasta cierto punto mágicos, con éstas fantásticas fortalezas marinas. Buena parte de lo aprendido lo ha intentado plasmar en la decena de libros que ha escrito, así como en comunicaciones y conferencias impartidas en diferentes países. Más Allá habló con él.

-¿Cómo empezó todo Roberto?, ¿de qué manera se fue forjando ese vínculo que permitió que te metieras en el agua con ellas, que pudieses tocarlas, que te recociesen…?

Desde siempre, desde niño, he tenido cierta facilidad, o una gran facilidad en realidad, para relacionarme con los animales. Yo amansaba caballos de chico y tenía siempre una gran empatía con el mundo animal. Eso facilitó la cosa, sin duda, y cuando comencé en el año 1992 a trabajar con orcas, al poco tiempo de estar cerca de ellas tomando datos, ellas comenzaron a acercarse a mí trayendo algas para jugar. Ahí empezó nuestra amistad con las orcas y esto es fruto, creo yo, de una empatía con el medio natural y de la observación pacífica, objetiva y enfocada en el objeto de estudio. Una observación desde un punto de vista no antropocéntrico, sino humilde con respecto a la naturaleza, no creyéndonos el animal superior, sino con el debido respeto y admiración que merecen los demás seres vivos.

-¿Fue  algo premeditado?

No, fue algo inesperado, esas cosas a veces llegan sin buscarlas. Claro que sí miro desde el hoy, desde el presente hacia atrás, veo que hay un hilo conductor y toda una serie de acontecimientos vinculantes que me fue trayendo por este camino de la naturaleza, de las orcas y de crear conciencia ambiental. Pero no fue una meta que me tracé cuando comencé a estudiar biología marina en la década de los noventa, sino algo que se vino dando, sobretodo el vínculo con las orcas, que fue algo que surgió espontáneamente y la iniciativa fue de los animales. Para mi es el tesoro más valioso que he podido atesorar en estos años de trabajo.

-Cuando te percatas de la existencia de ese vínculo incipiente ¿decidiste de cara a fortalecerlo seguir un protocolo, una pauta en tu relación con las orcas, o bien optaste por la improvisación?

No hay una estrategia o sistemática para desarrollar estos encuentros. Son casi extáticos, donde pareces fusionarme en el momento con los animales y con el entorno. Es muy difícil describir después de que ya sucedido su mecanismo…sientes una gran unicidad, una gran emoción y satisfacción….y eso se ha logrado en mi caso con un proceso intuitivo e instintivo… te vas dejando llevar.

-Te metes en el agua, se dejan tocar por ti, acuden a tu encuentro, nadas y juegas con ellas… ¿qué piensas sabiendo que se trata de algo inusual?

Cuando lo pienso y te lo escucho decir a ti ahora, me parece algo increíble, parece que toca los visos de la irracionalidad, pero por suerte ha podido ser documentado. Esos documentos muestran de manera cabal ese vínculo entre el ser humano y el máximo predador del planeta como es la orca. Y más allá de Roberto Bubas y las orcas, nos presentan el lazo entre un ser humano y un animal de características notables, un símbolo que nos habla de vivir en armonía, en contacto con la naturaleza y del respeto a los seres vivos.

-¿Piensas que has logrado una comunicación real con ellas?

Sí. Se daba una comunicación, en un lenguaje quizá diferente, un lenguaje que trasciende los códigos humanos… es el lenguaje de las fuerzas naturales.

-Se llegó a desarrollar algún código, algo que incluyera señales que pudiesen avisarte del lugar en el que estaban los límites que no tenías que traspasar.

Todo se desarrollaba de forma intuitiva e instintiva, sin una sistemática consciente. A lo largo de mi vida he sabido reconocer donde estaban los límites que imponen los animales. Pero también el no predisponerme a esos límites creo que ha hecho viable el vínculo. Y en ese marco de respecto y de captar a través de la intuición esos límites me he desenvuelto; sí un animal está comiendo o cazando, es absurdo e irrespetuoso entrometerse…puedes salir mal parado, pero no porque te ataque a ti, sino porque tu imprudente intromisión afecta sus actividades básicas de supervivencia.

CAMBIO DE CONCIENCIA: SALVAR AL HOMBRE

-La orca continúa evocando un estereotipo equivocado, el de un animal feroz, asesino incluso. Esa visión errada de su comportamiento perdura quien sabe si de forma intencionada.

En realidad yo soy optimista y también realista en esto, porque he visto como la gente viene cambiando su conciencia con respecto no solo a las orcas en particular, sino a la naturaleza en general. Y este concepto de ballena asesina y animal feroz es una imagen que tenemos los más grandes, de treinta años para arriba; los más chicos, los jóvenes de hoy, tienen clarísimo que la orca es un factor natural más que vive en armonía con lo que le circunda. Por suerte creo que se dará cada vez más lo de interpretar a todos los animales, orcas, tiburones y máximos predadores, con el mismo respecto y el mismo cariño con el que tratamos a una ballena, a un delfín o un gato doméstico.

-De todas maneras parece evidente que sensibilizarse y tomar conciencia de los animales, de su inteligencia y capacidad para sentir, implica también cambiar la forma de relacionarnos con ellos, marcada mayoritariamente por su visión como recurso para el hombre, como seres inferiores, etc…

Yo creo que eso se está logrando con las nuevas generaciones y con la venideras; están tomando contacto con las emociones y la empatía con la naturaleza como algo fundamental en la vida humana. Estamos en un proceso en el cual la humanidad está evolucionando y parte de ella tiene que ver con esa visión natural del vínculo. Ellos están creciendo con esa certeza, ellos no tiene que modificar el rumbo, aunque nosotros, los de mayor edad, sí que debemos hacerlo.

¿Podríamos, por ejemplo, hacer cosas por las orcas?

Yo iría más allá, y comprendiendo lo obvio de cuidar el habitad, lo que tenemos que hacer es salvar al hombre, ni siquiera al Planeta. Nos colocamos en el pedestal de “salvadores del planeta”, y realmente tenemos que salvar al hombre, la habitabilidad del ser humano, y con eso logramos un efecto sobre el resto. Cuando hagamos eso por nosotros, lo haremos por todo.

El Roberto de antes y el de después de sus experiencias con las orcas, ¿es el mismo?

Sí. En esencia uno no cambia del todo, aunque los acontecimientos te van enriqueciendo o bien empobreciendo. Esta interrelación con la naturaleza, quizá simbolizada en ese hecho notable de mi amistad con las orcas, me ha enriquecido como ser humano y esto es lo que yo intento transmitir mediante la difusión de la experiencia. Me gusta enriquecer y motivar a otros seres humanos para que logren generar sus propios vínculos con su entorno cercano.

                            José Gregorio González

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